Semejantes en forma, pero distintos en el interior

La raíz etimológica de la palabra isomorfismo vendría a dar una clara definición del vocablo: iso (igual) y morfos (forma). El concepto se usa en varias disciplinas, pero viene a decir que dos elementos que en su composición son diametralmente diferentes, tiene la misma apariencia, tanto que se pueden confundir entre ellos.

Y es que ¿cuántas veces nos confundimos en la vida, pensando que estamos ante una cosa o situación, cuando nos damos cuenta de que estamos ante otra bien diferente? Las relaciones humanas son complejas y pueden dar lugar a malentendidos, pero a veces ni siquiera se da la necesidad de que haya dos personas para que se dé una confusión, pues ¿acaso nunca te has equivocado haciendo conjeturas sobre una situación, para luego darte cuenta de que estabas totalmente equivocado?

Sin que esto vaya a ser un blog sobre filosofía ni mucho menos, ni de ninguna otra ciencia que se pueda estudiar en una facultad, sí que quisiera hablaros de cuántas veces el isomorfismo aparece en nuestras vidas y no nos damos cuenta. Solemos luego buscar culpables por algún otro lado, pero la mayoría de las veces no hemos tenido más remedio  que reconocer que hemos sido nosotros mismos los que hemos malentendido algún instante de alguna situación, y luego todo se ha ido por los cerros de Úbeda sin que hayamos podido evitarlo. Y es que parece que este vocablo está más presente en nuestras vidas de lo que pensamos, es posible que aún no se haya estudiado lo suficiente.

Como ejemplo, diríase que este blog va a tratar sobre complicadas situaciones que a veces han tenido soluciones mucho más complicadas; pero no es así, de hecho lo que intento es que entre todos nos echemos unas risas con las cagadas que de seguro hemos cometido más de uno, y que nos demos cuenta de cómo la vida, la gente que nos rodea o a veces nosotros mismos nos ponen en lugares equivocados en momentos no correctos, y que todos somos susceptibles de cagarla. ¿Alguno puede decir que no?