¿La belleza está en el interior?

Bueno, esta es una frase que puso de moda una famosa película de animación, y aunque allí se le daba un sentido más bien romántico, no es eso precisamente por lo que lo traigo a colación. Más bien, y buscándole una relación  al tema de este blog, ¿podríamos decir que si nos dejamos llevar por las apariencias, nunca encontraremos la verdad de una cuestión?

O sea, que si dos cosas, situaciones o personas nos dan mala espina desde el primer momento, ¿podemos tener la esperanza de que en el fondo habrá algo bueno que salvar? Y si ambas nos resultan igual de mal a primera vista, y una de ellas resulta que es buena en el interior, ¿podría deducirse que la otra también lo sería, por eso de la misma forma y de trasladar el mismo pensamiento optimista a ambas?

No sé si me estoy poniendo demasiado filosófico, e incluso confuso, con este pensamiento. Pero vayamos a un caso práctico, si os parece, y veamos la analogía. Se me viene a la mente el ejemplo de dos frutas, por ejemplo melones, que pueden tener mejor o peor apariencia, pero nunca sabes si realmente estarán sabrosos hasta que no los abres. Resulta que los dos son igual de desagradables por fuera, pero cuando por fin te decides a probar uno de ellos, resulta que está de fábula; es claro que su belleza, o en este caso, su disfrute como manjar, sólo se puede conocer si miras su interior, pero ¿podríamos deducir que el otro melón, también bastante feo por fuera, va a resultar igual de sabroso por dentro, sólo porque tiene la mala apariencia del primero? Bastante cogido al vuelo, no te parece.

Y quizá se pueda dejar atrás este ejemplo un poco burdo, y pensar en otros ámbitos, por ejemplo las personas; sólo que en este caso, la mala apariencia es un poco subjetiva, no todos nos ponemos de acuerdo en el mejor o peor aspecto de alguien sólo con mirarlo. Pero digamos que no tienen demasiada buena pinta exterior, ya sea porque no sean muy agraciados físicamente, o porque haya algo en su aspecto exterior que provoque algo de rechazo. Si tomamos esto como una semejanza entre dos personas, y buscando su belleza interior descubrimos que una de ellas la posee, ¿podríamos decir que con la otra nos pasaría igual? Sería aventurarse demasiado, ¿no es cierto?

Como digo, tener la misma forma no significa tener el mismo interior; o al menos, en la gran mayoría de los casos. Lo que sí me parece es que el aspecto exterior no debería tener tanta importancia para deducir lo que hay en el interior; pero eso, amigos, ya veremos que es más fácil de decir que de practicar.

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